Dialogo íntimo entre Él y el Hombre (Cuento)

El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano

René Gerónimo Favaloro (29 de julio de 2000)

El corredor es amplio. De paredes diáfanas.

Él lo atraviesa con paso amplio, pero sin presura.

En el recorrido, un espacio se abre sobre su izquierda. Echa una mirada mientras sigue avanzando. Se detiene y vuelve sobre sus pasos. Observa la imagen de un hombre de pelo blanco, bigote, mirada dura, sentado con la espalda recta sobre el respaldo y la mano derecha tomando el apoya brazos.

Se queda observándolo, mientras que el Hombre no da muestra de notar su presencia. Por fin da un paso al frente y con voz firme le inquiere

– ¿General?

El Hombre gira la cabeza y con gélida mirada le responde

– ¿Que desea usted?

– Nada en particular… solo es la sorpresa de encontrarlo aquí. No haberlo imaginado

– ¿Nos conocemos acaso?

– Usted a mi seguramente que no. Yo a usted mucho, a pesar de que esta es la primera vez que lo veo en persona. Este es un honor que jamás hubiera imaginado. Aún en un trance tan particular como este, no dejo de ser un tipo afortunado.

El Hombre lo mira sin dar expresión de sentimiento frente a la revelación del desconocido.

– ¿Puedo sentarme un rato con usted?

– ¿Y por qué no?, a decir verdad estoy aquí en espera.

– ¿Hace mucho que espera?

– Ni mucho ni poco, porque este es un lugar sin tiempo.

Acerca una silla y se sienta a su lado sin dejar de estudiar al Hombre. Postura de espalda recta, pecho ancho, las manos curtidas y el pelo muy blanco.

– Se me vienen tantas historias suyas a la cabeza que se me hace difícil saber por dónde empezar.

– En esos casos, lo mejor es comenzar por el principio, sentenció el Hombre.

– Cuando mi abuelo le peleaba a la vida en una isla del sur de Italia que se llama Salina, usted estaba en su retiro en Boulogne sur Mer.

– Sur de Italia….eso sería en el reino de las Dos Sicilias, respondió el Hombre

Él se quedó pensando.

– Yo creo General que por lo que contaban mis padres ese no era ningún reino. Esa isla perdida no le interesaba a nadie en aquella época. Ni al mismísimo Garibaldi. Pero si Usted no piensa en contrario, prefiero que me cuente… es que sabe Usted… nos dejó con muchas preguntas y no tantas respuestas. Por ejemplo… Usted, héroe de Bailén, derrotando a las fuerzas de Napoleón con solo veintiún hombres, teniente coronel del ejército de España ¿qué lo hizo volver al Río de La Plata?

El hombre se queda pensando y por primera vez cambia su semblante. Sus cejas parecen espesarse y el ceño se frunce levemente.

– Diecisiete batallas y la piel curtida. Ya había aprendido estrategias. Sabía lo que era herir y ser herido, lo que era matar pero no morir. Lo que era dar o cumplir órdenes. Creo que en ese momento saber que mi tierra estaba pariendo su libertad, me hizo sentir que eso era algo por lo que valía la pena entregar la vida. Cuando uno tiene firme sus convicciones el camino siempre parece claro, no deja lugar para las dudas. Yo sabía que debía volver. Si me hubiese quedado en España habría peleado por guerras ajenas, cuando en mi tierra estaba el reclamo del pueblo por ser libre.

– ¿En esa época se unió a la masonería?, preguntó Él con discreción, por temor a incomodar

– Ese era un momento para hombres, gente con ideales, capaces de hacer libre a un pueblo. No éramos improvisados, sino gente de armas. Como cualquier grupo con objetivos importantes se debe respetar una organización y tener mucho cuidado de lo que se piensa, de lo que se dice, de lo que se hace.

– Usted sabe que una vez pase por una situación parecida y pensé en Usted. Estaba en tierra de gringos con mucha comodidad y honores, pero me hervían los cojones, disculpe la expresión, por volver a mis pagos. Sentía que la Patria merecía que yo le devolviera todo lo que me habían dado mis maestros. Claro General, que no se compara con lo suyo. Usted si que hizo historia. Solo imaginarlo con cuatro mil hombres cruzando la Cordillera. No crea que le estoy dorando la píldora, Usted fue un verdadero hombre. Después de Usted se rompió el molde, aseguró Él mientras se le hacía un nudo en la garganta y se le humedecían los ojos.

El Hombre no respondió. Quedó en silencio como haciendo memoria de aquellos días. Él no se animó a perturbar sus recuerdos.

– Nada hubiese sido posible si Güemes no resistía en el norte.

Volvió a hacerse un silencio. Ni corto ni largo, porque ambos estaban en un lugar sin tiempo.

– Cuando se reunió con Bolivar en Guayaquil, ¿porqué dejó en manos de otro lo que usted con sangre había logrado? Usted merecía cosechar la gloria de la liberación de América.

El silencio se hizo profundo, ni largo ni corto porque en ese lugar no existe la variable tiempo. Los recuerdos se hacen vívidos en la mente del Hombre.

– América necesitaba hombres capaces de pensar en su futuro más que en su presente. La mirada de corto alcance puede a veces ser el primer paso hacia un precipicio. América no era la tarea de un General. Una cadena se hace de mil eslabones que se unen. Liberar un pueblo era el presente, pero consolidar su libertad era el futuro. Alguna vez le enseñé a mi hija la virtud de cuidar un secreto. Yo cuido muchos.

Él contemplaba seducido por el magnetismo del Hombre. Mentalmente hizo un recorrido por las “Máximas para Merceditas”, que tan incorporadas tenía en su memoria.

– General ¿qué fue lo que más le dolió de la Patria?

– Los traidores. No los que me traicionaron a mí. Para esos no vale ni el recuerdo. Me refiero a los que traicionaron al pueblo derramando sangre de paisanos. Esos no entendieron nunca quienes eran los verdaderos enemigos.

– Discúlpeme General, pero como me hubiese gustado estar a su lado para repartir lonja a más de uno! La Patria está llena de corruptos que lucran con el hambre del pueblo. Hoy esos cobardes no necesitan desenvainar un facón, ni mancharse de sangre las manos. Esos hijos de perra lo hacen vestidos de levita en sus hermosas oficinas y por las noches uno los tiene que escuchar declamando clases de patriotismo. ¡Esos son traidores! Hace un rato nomas le robe unas palabras a un amigo cantor y escribí “Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar”. Hoy la sociedad está degradada y no contempla ninguno de los valores que Usted representa General. La entrega, el renunciamiento, el esfuerzo… el respeto por la Patria.

Se detuvo bruscamente y el nudo que le apretaba la garganta invitó nuevamente al silencio. El Hombre se mantenía con el semblante inmodificable, como una estatua de cera.

– Usted sabe General, que una vez leí las máximas para su hija y desde entonces cientos de veces. La primera que Usted le escribió era “Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que nos perjudican” y  mi abuela Cesárea, que nunca tuvo acceso a sus enseñanzas,  me inculcó de chico a amar hasta una pobre rama seca. En definitiva todo esto, se trata solo de eso, simplemente de amar.

El Hombre asintió con un movimiento de su cabeza y preguntó por primera vez

– ¿A qué se dedica usted?

– ¿Yo?, respondió Él como sorprendido, yo soy médico rural

– Ah. Bueno Doctor, si no le incomoda ¿me acompaña a estirar las piernas?

Se levantaron. Los dos hombres altos salieron del espacio y retomaron el corredor de paredes diáfanas. Se alejaron caminando con pasos amplios y sin presura.

 

lopezsanti

Medico cardiólogo Apasionado de la fotografía, la musica y las letras

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