Lisboa, entre el fado y las letras

Pienso que cada ciudad merece tener pertenencia de un color particular. Siento pena, a veces, de esos lugares sin impronta, que solo buscan ser agradables congraciándose con el gusto del consumidor. Lisboa a orillas del Tajo nació con estilo. En la mitología griega se le atribuyó su fundación nada menos que a Ulises, el Odiseo. Para quien transita sus calles es imposible abstraerse del bagaje cultural que representan las letras de Pessoa y Saramago, los fados de Amalia Rodrigues o los grafitis que brotan en cualquier muro de la ciudad. Si hasta sus eventos históricos tiene un tinte poético habiendo llamado Revolución de los claveles al cierre de 50 años de dictadura.

Pasear plácidamente por las grandes avenidas se contrapone con andar por las pequeñas callejuelas que suben y bajan zigzagueares hacia los barrios de lugareños. Cruzando lugares con historia o aquellos de arquitectura moderna siempre se percibe como sitios particulares, distintos.

Un buen punto de partida para una visita puede ser el monumento del Marques de Pombal, ese prohombre que supo reconstruir Lisboa después del terremoto de 1755. Desde allí se puede subir en dirección al Castillo de San Jorge desde cuyas murallas uno es dueño de hermosas vistas de toda la ciudad o es posible imaginarse junto a Martin Moriz quien sacrifica su vida para que un grupo de cruzados retome la posición luego de mas de 50 años de dominio moro. Otra alternativa es tomar la dirección del río y llegar al barrio de Belém donde aparece imponente el Monasterio de los Jerónimos, la construcción militar conocida como la Torre de Belém o el puente colgante mas largo de Europa, el 25 de Abril, que remeda al Golden Gate. Si ninguna de esas alternativas vale, propongo tomar la avenida Libertade y pasar por mil monumentos de conquistadores y próceres o por el Teatro Nacional para luego visitar el elevador de Santa Justa.

Quedan muchos lugares atractivos para conocer, pero es bueno darse un alto en el camino para disfrutar de la cocina portuguesa y sus vinos. Ver pasar la vida en algún boliche de la Plaza de Comercio ha sido costumbre respetada por políticos y escritores. Quizás para testimoniar el lugar donde se produjo el magnicidio real en 1908 , cuando fueron asesinados frente a una multitud el Rey Carlos I y su heredero. Una historia en cada rincón de la ciudad.

Es bueno no dejar que caiga la noche sin haber encontrado lugar junto a una guitarra portuguesa de doce cuerdas, una viola y el fado hecho carne en la voz cálida y profunda de una mulher.

Me he dado cuenta que Lisboa, igual que una mujer con el pelo mojado, es bonita cuando llueve.

lopezsanti

Medico cardiólogo Apasionado de la fotografía, la musica y las letras

2 comments

  • Excelente!, he podido disfrutar de tales lugares en octubre del 2015, en pleno otoño para ellos, y coincido bastante con tus descripciones y el plus vital que las fotos le confieren, aún en otra estación, todos lugares bellos que me vuelven a la retina y memoria. Todo nos gustó, nos deleitó. Lisboa, Leiria, Coimbra, Aveiro, Oporto, Cascai, etc,
    También ahí aprendí a gustar del bacalao, pescado que desde niño no acepte, por el aroma (para mi desagradable) que impregnaba todos los ambientes y, que para nuestras costumbres religiosas en semana santa tenía una gran impronta. El vino verde, también gusta; lo conocía de Budapest.
    La estadía en Portugal, se nos volvió muy estimulante y alegre por la amistad que hicimos con dos matrimonios brasileños, que vivían intensamente su madre patria. son muchos los buenos recuerdos; quedé impactado con la Universidad de Coimbra, seguramente la conociste.
    De Amalia Rodriguez (Icono del Fado), en este momento, Sgo del estero 20:30 PM, deleitándome con ” Barco Negro” del CD, “AMALIA RODRIGUEZ essencial”, además están: Gaviota, Coimbra, Lisboa Antiga, María Lisboa, Fado Portugues, etc), pataconié bastante y lo encontré.
    Un abrazo, Gracias por reeditarme tan bellos lugares.

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    • Creo que lo bueno de estas experiencias es que nos ayudan a disfrutar aspectos que de otra manera pasarían desapercibidos. Si ademas los compartimos quedan anclados en nosotros definitivamente. Un verde a la salud de Amalia.

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