Esta es Roma, caótica, exuberante … eterna

Tengo la impresión que las ciudades expresan la idiosincrasia de sus habitantes. Se me ocurren ahora el perfil portuario de Liverpool,el académico de Boston o el místico de Nueva Delhi.

Pero no siempre resulta así.

En algunas contadas ocasiones, no tantas, la ciudad es la que manipula la alquimia sociológica de las gentes. Haciendo un ejercicio creativo imaginemos que el sonido particular de sus calles (de la ciudad a la que me refiero) podría ponerlo uno de sus musiqueros, como Ennio Morricone.

Ahora ubiquémonos en Termini, por la que como en cualquier estación del mundo, transita un flujo incesante de hormigas laboriosas que se distribuyen hacia los cuatro puntos cardinales. Muchos por deber. Los más afortunados como nosotros,  nos meteremos en las entrañas de la ciudad, solo por el placer de disfrutarla. El tránsito desordenado pondrá la Ferrari junto al Fiat compacto y la elegancia de las grandes tiendas alternando con vendedores callejeros de las mejores copias.

Entremos por una callecita angosta y empedrada para desembocar sin aviso previo en la monumental Fontana de Trevi. También podremos darnos cita en la Vía dei Condotti, para hacer unas pocas cuadras hasta la Piazza Spagna, y así satisfacer la lógica ansiedad del visitante. Es inevitable que fantaseemos con Anita Ekberg dándose un baño de madrugada o con Audry Hepburn montada en una Vespa.

Si lo deseamos podemos tomar un respiro en cualquier café para luego remontar la Via dei Corso hasta la Piazza del Popolo o bajar hasta el Altar de la Patria a rendir pleitesía a Vittorio Emanuele II, primer Rey de la Italia unificada. En ese triangulo de vértice en el norte, se encierra el circuito clásico de la ciudad de los últimos siglos. Sin embargo, si la idea es que vayamos con rumbo sur podremos recorrer más de 2500 años hacia atrás. El Colosseo, el Foro Romano, el Arco de Constantino, el Circo Massimo, el monte Palatino. Debajo de cada roca, una historia. En algún punto podremos imaginar la daga ensangrentada en la mano de Marco Junio Bruto o a Nerón contemplando la ciudad en llamas.

En el mediodía o por las noches nos encontraremos en Campo di Fiori, mientras que las tardes serán de Piazza Navona, donde la fortuna nos hará cruzarnos con personajes que remedan a los grandes divos. Gassman ó Tognazzi harán las veces de mozos, de artesanos o de artistas callejeros.

Por fin cruzamos el Tiber hacia el Trastévere y la seducción del atardecer nos invitará una copa de tinto y una pasta al dente, mientras vemos pasar la vida o disfrutamos de la vocinglería de una mesa vecina. No será difícil dejarnos llevar por la contemplación de una escena costumbrista,  de una donna de pechos generosos como la Loren, de un cura o de un  visitante de cualquier lugar.

En este collage cultural, quien dice que no demos con un Michelangelo Buonarroti, un Fellini o hasta un Sordi.

Me olvidaba. No podemos pasar por alto, en medio de tanto andar mundano, la cantidad de iglesias, que superan holgadamente a la no escasa variedad de vinos. De ellas destaquemos la que está frente a la Piazza San Pietro, donde ese hombre de sotana blanca de treinta y tres botones y su anillo de pescador, se empeña en luchar contra los molinos de viento.

Así es amigo, esta es Roma, caótica, exuberante … eterna.

lopezsanti

Medico cardiólogo Apasionado de la fotografía, la musica y las letras

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