Mujer, aquí tienes (Letras e Imágenes)

 “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los super machos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.”

Eduardo Galeano

Perdido en el comienzo de mis días, mi boca prendida de tu pecho, con los ojos bien abiertos para disfrutar cada palmo de tu cara. Al fin con la panza caliente, mis párpados caen y me quedo confiado entre tus brazos. Cordón umbilical que se corta poco a poco, bajo tu atenta mirada que vigila cada respiro, cada gesto, aún cuando un día llega el tiempo de explorar fuera del nido.

Aciaga incertidumbre de púberes años, cuando el mejor lugar para seducirte, eran los sueños. Un día la realidad liberó mis manos, para que ellas recorrieran torpemente tu cuerpo y sentir entonces lo que era entrar al paraíso, donde  un lunar de tu piel era toda una fiesta.

La vida siguió sin pedir permiso. Lanzada como una moneda a cara o cruz, pudo dar felicidad o desdicha, sin chance a caer de canto. Sueño que no se concilia por tenerte, sueño que no se concilia por perderte.

Incómoda en un mundo que te invita a ocupar el lugar que no te sienta.  Ni ser de alguien ni estar detrás de nadie, porque no es para lo que has nacido. No te hago fácil esto de salir a descubrir tu derecho a compartir de igual a igual este mundo que nos ha tocado. Cada paso adelante  tiene un alto precio.  Como Shylock  he pedido un pedazo de tu cuerpo en garantía . Lapidada, violada, golpeada, prostituida, postergada, difamada, una y mil veces. Sin embargo pasan los vientos, huracanes, tempestades , y al renacer la calma te encuentro, al igual que la roca, algo gastada pero sin haber retrocedido un palmo.

Aquí estás hoy alimentado mis musas, como Gala.

A veces pienso en el final de mis días. Me gustaría llegar cansado de tanto disfrutar la vida, con las sienes muy blancas y seguramente con el espinazo vencido. Ese día sería grato dormirme con la panza caliente y tu mano, enlazada con la mía.

Mujer, aquí tienes mi tributo.

lopezsanti

Medico cardiólogo Apasionado de la fotografía, la musica y las letras

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