El diferente (Cuento)

 

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. Hoy yo tengo un sueño!

Marcha a Washington por Trabajos y por la Libertad 28 Agosto 1963, Washington, D.C.

Martin Luther King, Jr.

La noche estaba cerrada herméticamente y las luces del auto no podían abrir los bancos de niebla. Mario primero bajó la velocidad hasta un nivel prudente, pero rápidamente tomó conciencia del riesgo de intentar seguir avanzando. Sobre su derecha adivinó un resplandor y siguió un desvío que hacia el se dirigía.  Ingresó en las sombras de un caserío que parecía dormir cuidado por luces mortecinas perdidas a lo largo de la calle principal. Se detuvo bajo una luminaria dejando el coche en marcha, mientras infructuosamente buscaba alguna información en su celular y en el navegador. Luego de algunos minutos miró la hora. No era tan tarde. Bajó del coche y se dirigió a la vivienda más cercana. A través de una ventana de  la planta alta con la cortina a media asta se veía una luz encendida. Tocó una vez el timbre y una segunda también. Nadie respondió. Hasta que una voz lo sorprendió:

¿A quien busca?

La voz ronca provenía desde la oscuridad de una casa vecina.

Discúlpeme por la hora, pero estoy perdido en esta noche de perros. Estoy buscando un hotel para pasar la noche.

Mario sintió un cuchicheo y luego de un impasse la voz le respondió

Siga dos cuadras  y sobre su mano derecha encontrará el albergue

Muchas gracias amigo, creo que usted acaba de salvar una vida

No hubo respuesta.

Mario dio media vuelta y se metió rápidamente en el auto y siguió las indicaciones. Un par de luces iluminaban la palabra “Albergue de paso”. Estacionó en la puerta y  suspiró profundo. Por precario que fuera solo esperaba una cama limpia para esperar el siguiente día.

Se acercó a la puerta y contrariamente a lo que esperaba no encontró un timbre sino una correa que bajaba por un costado del portón, una alta puerta de dos hojas de madera maciza. Tiró de la soga y oyó del otro lado el tañido de una campanilla. Esperó lo que consideró prudente para tocar una segunda vez. Se entreabrió la puerta y una voz franca lo inquirió no sin cierta rudeza:

¿Que desea?

– Alojamiento por una noche

– ¿Quien lo envía? 

– Un vecino….a un par de cuadras me vio perdido y me sugirió venir.

– No aceptamos huéspedes sin recomendación

Mario sintió que la indignación pondría la respuesta en sus labios pero juzgándola inconveniente, decidió reprimirla.

Entiendo. Mire, si usted está de acuerdo en alojarme obviando este requisito, estoy dispuesto a pagar por anticipado y retirarme en cuanto amanezca

La puerta se abrió y una silueta de estatura mediana se dibujó en las penumbras de un zaguán. Sintió que el personaje lo semblanteaba de pies a cabeza. Mario presentaba impecable traje azul con zapatos Valentino y no creía que el tipo que estaba enfrente estuviese en condiciones de ser crítico de su vestir. Sin embargo tenía el poder de decidir si entraba, motivo por el que le regaló una sonrisa en gesto de cordialidad.

¿Trae valijas?

La verdad es que esta parada no estaba en mis planes, así que no traigo nada más que mi portafolio de trabajo.

– Pase

El tipo se corrió abriéndole el paso. Lo llevó hasta un pequeño mostrador alumbrado por una lámpara de escritorio. Cuando Mario dirigió la mirada a la cara de su interlocutor lo sobrecogió la sorpresa de encontrarse con un rostro, cuando menos extraño. Bajo rápidamente la mirada hallando como excusa  el buscar efectivo en el interior de su billetera.

Aquí tiene mi documento y usted dirá que es lo que le debo

El personaje tomó el documento y anotó los datos en un viejo bibliorato. Mario aprovechó para explorarle la cara. Una ceja estaba por encima de la otra y la forma de sus ojos era diferente. La raíz de la nariz nacía desde la ceja superior con lo que la inferior, con su ojo correspondiente, se encontraban casi en la mitad del rostro. La nariz era rectangular al igual que el mentón lo que le daba una forma muy geométrica a su cara. Esa fisonomía le era familiar. Sin dudas era un rostro pintado con trazos propios de Picasso.

¿Ocupación?

– Abogado. Trabajo para la empresa que está construyendo la autopista que los unirá a la ciudad

Con expresión de nada, el personaje levanto la vista clavándola en sus ojos sin siquiera pestañear.

Son seiscientos pesos. Podrá desayunar a partir de las siete de la mañana y creo que lo conveniente es que usted lo haga temprano para seguir luego su camino. El documento quedará aquí hasta que usted se retire. Y recuerde… esto es una excepción que no se ha de volver a repetir.

Sin darle espacio para una respuesta le señaló que lo siguiera. Hicieron solo unos pasos para entrar en un corredor con no más de seis, quizás ocho puertas. Abrió la primera, encendió la luz, la más intensa que había visto Mario desde la llegada al pueblo y quedaron expuestas paredes blancas con un par de cuadros, dos camitas con una mesa de luz separándolas, una silla apoyada en un costado y un delgado roperito con su correspondiente puerta espejo.

Al final del corredor encontrará el baño. Espero que respete el orden y la higiene ya que es un lugar común para los otros huéspedes.

Mario sintió cierto tono despectivo como si él fuera un andrajoso recibiendo una dádiva.

Bueno, para mí está muy bien. Le estoy eternamente agradecido y tal como me lo ha pedido bien temprano seguiré mi camino. Pero querría preguntarle ¿cómo se llama el pueblo?

 – ¿Porque lo pregunta?

– Porque quiero llamar a mi casa para avisar que pasaré aquí la noche.

Aquí no hay teléfono para huéspedes

Y dando media vuelta cerró la puerta de la habitación.

Todo sea por una cama, pensó Mario. ¿Quien se creía este Quasimodo para tratarlo así? Quizás se había equivocado y en lugar de tratarse de un Albergue era un Cottolengo.

Sonrió.

El celular…sin señal. ¿Dónde diablos estaba? Bueno, mañana sería otro día y encontraría algún interlocutor normal con quien tratar. En los puebluchos del interior a veces la gente con luces no abunda, pero aun en su sencillez son mucho más que este personaje. A este no se le puede dar siquiera corte de conserje. Con esa cara lo deben tener como cuidador nocturno, para asustar a cualquier merodeador.

El sueño le ganó rápidamente y de un tirón llegó al cacareo de un gallo en el amanecer.

Se tomó unos minutos para recordar donde estaba y las imágenes de su llegada al Albergue. Pensó en que no tenía nada para su higiene personal y que lo más conveniente era que sin siquiera bañarse, ponerse la ropa con la que había llegado y retirarse lo antes posible. Si se esforzaba un poco al mediodía estaría almorzando en casa con todas las comodidades que allí se le negaban. Se levantó estimulado con esta idea y realizó los ejercicios de estiramiento de cada mañana. Se vistió y a pesar de calzarse un traje de Armani este no podía disimular la cara de cansancio con la barba sin rasurar. Pensó que se merecía un día de spa para el fin de semana.

Salió de la habitación y en dos pasos alcanzó la recepción que se encontraba vacía, sin embargo el aroma de café recién hecho lo atrajo hacia una salita con algunas mesas prolijamente armadas para el desayuno. Mantelitos blancos, servilletas azules y tazas de porcelana de Limoges. Una mujer sentada de espaldas estaba frente a un nene cuya carita…era picassiana también. Mario la miró sin pudor detalle a detalle no temiendo ninguna reprimenda. El chiquito clavó en él la mirada también y eso hizo que la mujer girara su cabeza para ver que llamaba la atención de su crío. El pelo castaño lacio caía delineando una cara donde el detalle estaba en la diferente altura de los ojos pero la barbilla no era cuadrada como la del conserje, sino que se estiraba hacia abajo como un prognatismo. Ella lo miró de arriba a abajo y sin gesto ni palabra alguna volvió el rostro para mirar a su niño. Le acarició y el chiquito se dejó sin quitar la vista de Mario. Por una puerta hizo su irrupción el Quasimodo nocturno que con una gran sonrisa, depositó una fuente con una par de jarras, tostadas y platitos con mermelada y manteca en la mesa de la mujer.

Aquí está el mejor de los desayunos para mis huéspedes preferidos. Y este dulce de leche es para el señor de la mesa, dijo con gran histrionismo.

El niño le devolvió una sonrisa de oreja a oreja y la mujer lo lisonjeó con la categoría de su servicio. Detrás del conserje salió una joven con delantal a rayas blancas y azules que se dirigió a él. Mario no pudo prestar atención a lo que ella decía porque solo el sentido de la vista parecía llevar información a su cerebro. Morocha con el pelo ondulado pero con la misma disposición de los ojos, nariz rectangular y esa expresión de pocos amigos que ya conocía. El niño se acercó a la joven que le acarició la cabeza y con una sonrisa le pidió que volviera con su madre

¿Que desea para beber?

– Café con leche estará bien

– ¿Tostadas o medialunas?

– Tostadas

No entendía nada. Ni donde estaba, ni quiénes eran estas gentes, ni porque lo trataban como si fuera un pestilente andrajoso.

Como apurando el trámite en pocos minutos le sirvieron su desayuno. Mientras lo tomaba percibió la llegada de algunas personas que hablaban con el conserje en la recepción.

¿Mario De Santis?, lo inquirió otro personaje de esa cofradía pero con un inconfundible uniforme policial.

Doctor Mario De Santis ¿que desea?, respondió Mario que sabía bien cómo manejarse en esas instancias.

Tiene que acompañarme a la seccional

 – ¿De qué me está hablando?

– Que tengo una orden de detención para usted y debe acompañarme a la seccional.

– De ninguna manera ¿acaso usted enloqueció? Soy abogado, le respondió visiblemente alterado mientras le extendía una tarjeta.

El oficial aprovecho la instancia para tomarlo por la muñeca y en un rápido movimiento le engrampó uno de los anillos de sus esposas y con gran habilidad en el mismo acto la aseguró. Mario instintivamente lo empujo haciendo trastabillar al uniformado que no pudo evitar arrastrar en la caída una de las mesas, haciendo añicos la porcelana. No había alcanzado a ver como zafar de la situación cuando sintió un garrotazo en la parte de atrás de la rodilla que lo hizo hincarse y acto seguido un segundo golpe sobre su espalda lo hizo desplomar con la cara contra el piso. Sintió como se le abalanzaban encima y lo terminaban de esposar.  No percibió luego que pasó con quienes allí estaban y totalmente confuso se encontró en una salita sentado frente a un personaje picassiano frente a él, quien lo miraba como alguien que está esperando una respuesta

Soy su abogado ¿me entiende?

Mario asintió con un leve movimiento de su cabeza.

El que tenía enfrente era un hombre joven de tez muy blanca. Sus ojos desalineados y fríos como todos los demás, pero su nariz era estética. Su nariz lo hacía más feminoide en ese aquelarre de caras raras. Hasta casi, parecía normal.

Tengo mucho trabajo esta mañana, así que le voy a explicar en pocas palabras cual es su situación. Usted ha sido visto anoche frente a la casa de una querida vecina de nuestro pueblo quien hoy fue encontrada inconsciente y desnuda en su habitación. Hay testigos que lo han visto a usted en una situación que lo convierte en sospechoso

– ¿Sospechoso yo? ¿están locos todos ustedes?

– Le sugiero que se abstenga de cualquier expresión fuera de lugar. No estoy, digamos, dichoso de tener que defender su posición, pero es la obligación que he asumido frente a la comunidad y como un servicio público estoy dispuesto a realizarlo. No me lo haga mas difícil.

– ¿Pero es que acaso usted no entiende que yo también soy un profesional? No solo un profesional, un prestigioso y reconocido profesional a nivel nacional. ¿Cómo se le ocurre que puedo ser parte de un hecho aberrante, de un delito? ¿Qué pruebas hay para incriminarme en tan solo horas que estoy en este maldito lugar? Que por cierto ¿Qué lugar es este?

– No estoy aquí para testimoniar ante usted sino muy por el contrario, para que usted me provea toda la información que pueda ser de utilidad en la defensa de su caso. Entienda usted Mario De Santis que gente de su corte no es bien recibida en este lugar. Esta comunidad trata de preservarse de personas de su genética, tan predispuesta a la vulgaridad, la violencia y la avaricia. A pesar de que no encontrará aquí ninguna expresión de satisfacción por su visita, se le ha dado la posibilidad de darle albergue durante una noche, una noche que a la postre ha sido trágica. El último hecho de violencia que la comunidad recuerda fue hace mas de veinte años y desgraciadamente para usted el victimario fue de su misma estirpe. Hoy tenemos un delito y la Justicia tiene un sospechoso.

Ingreso un oficial que habló al oído del letrado picassiano. Este se levantó con premura y dejó a Mario solo en la habitación. En su vida profesional había vivido en sentido inverso lo que él llamaba jugar con el ratón. El sospechoso es sometido a todo tipo de presiones psicológicas sin reconocimiento alguno de su dignidad. Estará allí casi como un condenado y aunque pueda zafar con algún artilugio legal siempre saldrá manchado. Él había parado en ese pueblo maldito buscando cobijo por una noche y como moneda de cambio le devolvieron maltrato, desconsideración y humillación, y todo ¿por qué? ¿acaso por no ser como ellos? Parecía todo una pesadilla

Señor De Santis, lo hizo reaccionar el letrado

Doctor De Santis!, respondió con un dejo de resentimiento

Mario De Santis, hay alguna novedad favorable para usted. La mujer ha recobrado el conocimiento y el diagnóstico médico se ha encaminado a un posible caso de epilepsia

Mario apretó un puño mientras lágrimas brotaban de sus ojos.

Ineptos desgraciados! Los voy a demandar y los voy a dejar en pelotas!

– Cuide sus palabras porque

– ¿Por qué sino qué? ¿No se da cuenta que los voy a hacer mierda? ¿con quién se creen que han tratado? ¿con un idiota como ustedes?

– De Santis, hay cargos contra usted. No se ponga en una situación más difícil aún.

– ¿Cargos? ¿qué cargos?

– Resistencia a la autoridad y agresión a un oficial de policía en cumplimiento de una orden judicial.

¿Me está jodiendo? Yo fui víctima de un hostigamiento policial!

– Usted podrá exponer sus argumentos oportunamente pero mientras tanto deberá cumplir arresto efectivo hasta que el Juez decida atender su caso

– Claro que quiero ver al Juez! Quizás él tenga una visión diferente de la suya.

– No estaría tan seguro

El letrado picassiano miró su reloj.

Mi tiempo para usted se ha agotado por hoy, y sin más se retiró de la sala frente a la mirada atónita de Mario.

Dos oficiales lo trasladaron a un calabozo sin que él ofreciera ahora resistencia alguna.

Se tiró en un duro camastro  y se cubrió con la áspera colcha que estaba a sus pies. Luego de un rato recorrió con la vista los pocos metros cuadrados a los que su vida estaba acotada. Al alcance de su mano vio que había una leyenda grabada sobre la pared. La recorrió con las yemas de sus dedos como si se tratara de un texto en sistema braille y él fuera Ray Charles. Se irguió sobre sus codos para ponerse a la altura del texto que decía

No soy judío, ni negro, ni puto, ni pobre, pero hoy sé lo que es pagar el precio de ser diferente

lopezsanti

Medico cardiólogo Apasionado de la fotografía, la musica y las letras

5 comments

  • El Diferente nos muestra palmariamente como un hecho circunstancial en nuestra vida, puede desarraigarnos abruptamente de nuestro hábitat, de nuestro circuito cotidiano cuasi-automático y enfrentarnos duramente con la otredad, el Otro Diferente, ni mejor ni peor, diferente, códigos diferentes, conductas diferentes, tratos diferentes al diferente.
    Es casi un reflejo condicionado, que habitualmente emerge como una mezcla de resentimiento, desconfianza, y distancia contra lo que es diferente, contra el Otro que es de otra comarca. Mario, el mismo, jamás entenderá los códigos del Otro, aún convencido que por reprimirse, cohibirse, y asumirse en un “laissez faire” para ser considerado como un otro igual, no le bastará simplemente, nada más y nada menos para lograr descansar una noche, una noche en un lugar que no le pertenece.
    Mario, el Otro diferente, en su predisposición y prejuicio ha elaborado y construido a priori un escenario de subjetividad, presunciones y prejuicios contra el otro diferente. .

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    • El ser “diferente” tiene que ver con la mirada de quienes nos rodean, que en definitiva nos integran y nos hacen ser parte, o nos discriminan haciéndonos sentir el rigor del no pertenecer. Si comprendiéramos que esto depende de las circunstancias quizás sería mas sencillo el ver situaciones injustas en la que formamos parte del grupo que segrega. Sin embargo no entendemos hasta que ocupamos el lugar de la víctima.
      En un comienzo Mario siente que el diferente es el conserje que lo atiende por la noche, pero al día siguiente termina sintiendo la discriminación de quienes lo prejuzgan.

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  • Sin duda, coincido con tu enfoque Ricardo, sin dejar de insistir en que, la discriminación provenga de donde fuere, tiene como resultado -en principio- un discriminado (la víctima), relación la cual, a su vez desarrolla un inter-juego entre dos partes (ahora) que se prejuzgan, hay un distanciamiento a veces irracional y una predisposición plena de subjetividades de parte de la victima y del victimario. Buen relato…, tan profundo que invita a numerosas reflexiones.

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  • Me encantó la forma de contarlo, te mantiene atento y no podés dejar de leer. Me gustó la descripción de detalles simples, ni ostentosa ni extensa, y el tema es genial, alter-ado viene de alter que en latín significa el otro. Cuando me altero soy otro , la mirada del otro nos altera, nos cosifica. Genial, te felicitó, me encantó de verdad. Un tema tan de todos los días, tan profundo y complejo. Felicitaciones

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    • Me alegro que te guste, porque lo grato no es solo crear sino también compartir. La diferencia nos juega en contra cuando no hay apertura de mente que nos permita integrarla. Podemos sin tener plena conciencia ser discriminados o inesperadamente ser discriminados.

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