RASHOMON (cuento)

La noche se va lenta y pesada, como suele acontecer en las postrimerías de una tragedia. Minutos que se cuentan como horas y horas se prolongan como días. El desasosiego se monta sobre el cansancio, los ojos se cierran mientras la mente sigue transitando por laberintos sin salida. Imágenes anárquicas que van y vienen de manera aleatoria mezclándose con el golpeteo rítmico de una gota que cae en el lavabo. Interrogantes que se van sin respuestas y suposiciones que se agotan sin evidencias.

Sensación de vacío en el pecho, de falta de fuerzas en las piernas, vísceras revueltas y el sabor amargo en la boca.

En el caer de esa tarde la maestra regresa, como cada día, por la avenida de las acacias dando recorrido a las  cuentas de su rosario. Caminando por la rambla sobre la alfombra de hojas secas, ahora húmedas.

A una cuadra se dibuja una postal inusual del barrio, con gente que se amontona y destellos de luces azules que rebotan contra los arboles. Se acerca curiosa, descubre las caras familiares de los vecinos que se apretujan con gestos circunspectos, esos que delatan seriedad en el trance. Frente a la puerta de su edificio la calle está bloqueada por un par de patrulleros y una ambulancia. Una doble cinta plástica roja y blanca impide vulnerar un extenso perímetro que abarca desde la vereda hasta la rambla. La tragedia no necesita voceros y cuando se hace presente se huele en el aire, con la misma intensidad que el olor rancio de la basura.

Ella siente el rechazo natural a la inminencia de una mala nueva. La sangre le arrebata el rostro y el corazón le explota desbocado en el cuello, al momento que la ansiedad se le mete en el pecho. La respuesta visceral no logra frenarla y la necesidad se abre paso a través de varios metros de espaldas en silencio. Allí sus ojos comprueban la presencia de un cuerpo desnudo, estampado sobre los adoquines de la calle, con su cráneo destrozado oculto en la maraña de pelo negro. Cuerpo inerte, blanco de muerte, sin alma, sin vida.

Le dicen que es la chica del quinto B.

Se queda parada sin encontrar lógica alguna. Mientras los más curiosos buscan, en sutiles coloquios, los detalles biográficos de quien en ese momento, en su postrero acto, es el personaje central. Aquellos que la conocen dan cuenta de un último contacto visual, un saludo final, como finas pinceladas alrededor del fatídico e inesperado evento.

Las puertas de su mente se abren sin control dejando que se agolpen imágenes de manera anárquica, que intercalan los primeros planos de una cara angulosa, pelo negro como azabache, actitud desafiante de quien está dispuesta a llevarse el mundo por delante .

Una inquilina, una más,  reservada, indiferente, de saludo ocasional y austero, desconectada siempre del mundo, enchufada a sus  auriculares. El tiempo le fue pelando una a una, las capas que cubrían lo que realmente llevaba adentro, hasta dejar ese cuerpo muerto en el empedrado. Dejar, la nada.

Con una lona verde cubren pudorosamente la desnudez de la muerte. Se le aflojan las piernas al ver la mano blanca, quieta, muerta, que se escapa descubierta.

El portero la saca de su ensimismamiento con el relato abierto a quien lo quiere escuchar, de su versión; la chica se ha tirado desde la terraza, impulsada quizás por la intención de no fallar. Allí han encontrado una carta junto a su bata azul. Nadie se ha percatado de lo que estaba por ocurrir, hasta que el estruendo dio cuenta de la caída del cuerpo sobre el empedrado, paralizando a los ocasionales pasantes. Una vecina que salía del supermercadito de enfrente, tuvo que ser socorrida por los vecinos ante la crisis nerviosa que le produjo la imagen dantesca que  se había escenificado frente a sus narices. Un taxista no alcanzó a impedir chocar a un automovilista que clavo sus frenos, en la sorpresa del evento.

Algunos bajan la vista y callan, en tanto que otros disparan preguntas al aire como esperando que algún circunstancial informante, se sienta en el compromiso de compartir lo que sabe.

Llega otra camioneta con la ostentosa leyenda “Policía científica” en letras amarillo oro sobre la chapa negra y de ella bajan un par de muchachones en sus mamelucos azules portando sendas cajas. Los precede un gordito barrigón que a todas luces y por cómo se mueve sacando el pecho, cabeza erguida, es el jefe.

No se permite el acceso al piso quinto, y quizás por los efectos de la conmoción solo atina a retirarse de la gente y  busca sentarse en el umbral de un edificio vecino. Escucha a una portera que apoyada sobre el palo de una escoba argumenta con algunas vecinas hipótesis de amores no correspondidos, de depresiones, de soledad, de drogas.

Por fin se llevan ese cuerpo y puede retornar a su departamento, donde la invaden recuerdos confusos de conflictivos encuentros, que se adueñan por completo de sus pensamientos.

La chica era la viva representación de Lucifer. En veinte años trabajando en la docencia he conocido todo tipo de gentes, malas, personas mezquinas, egoístas. Pero aun ante las peores expresiones de la condición humana el buen cristiano siempre concede el espacio para el arrepentimiento, el perdón y la conversión.

Esta chica era otra cosa. Era el diablo mismo.

El mal sabe esconderse y espera para manifestarse con toda su perversión en el momento oportuno; entonces hace daño contra aquellos que se alimentan en el mensaje de Cristo. Y como oscuro que es el demonio, sabe buscar las formas para no ser advertido.

Sin embargo el Señor tiene sus tiempos y sus formas. Hoy ha expresado por fin su castigo.

Se aparece, o quizás encuentra, el recuerdo de aquella noche.

Los noticieros daban cuenta.

La desdichada, desnuda con otras putas como ella, atadas en la puerta del Episcopado, vociferando malignidades propias de gente endemoniada. ¿Quiénes eran ellas  para cuestionar al Párroco? Hoy cualquiera se siente con derecho a levantar injurias contra la Santa Iglesia por cualquier supuesto.

Y esos sabandijas de los periodistas, amarillistas y carroñeros son quienes tiraron mas nafta al fuego. La convirtieron en heroína y tuvieron el tupé de mostrarla en el diario con foto y todo, como una defensora de los derechos humanos.

¡Por Dios! Si no era más que una putita desvergonzada.

No encuentra posición, se pone una manta, siente calor, se la saca, saca un pie por fuera de las sábanas, se levanta de la cama con la necesidad de aliviar la congoja que le aprieta el pecho. Va a la cocina y saca de la alacena una pildorita de Valium y un saquito de Earl Grey. Baja la cara hasta dejar su nariz al alcance del vapor del humeante brebaje. Percibe la aromática humedad estimulando sus narinas dejando que le purifique el alma, cual si se tratara de incienso. Se recuesta en el sillón y deja que regresen imágenes que tanto daño le han hecho, pero quizás ya es hora de expiarlas.

Para los que están sucios, acostumbrados a revolcarse en las miserias de la vida, un insulto, una agresión, no les hace mella ¿qué le hace al chancho una mancha más? pero a quienes son gente sensible, solidaria, creyente, les macera las vísceras y se las anuda en el pecho. Pasan los días y la humillación se sigue metiendo como herrumbre en las coyunturas.

Era una mujer mala y de no estar muerta seguramente hubiera llevado a la perdición a ese pobre pibe también, si es que ya no le metió la semilla del mal. Porque gente como ella pudre lo que toca.

¡Qué yegua cretina! Perdoname Señor, pero vos sabés bien que más nos hubiera valido el que no naciera. No quiero ir contra tus designios pero cada día te pido “líbranos de todo mal” y sabia que tarde o temprano escucharías. Tu sabes que a nadie le deseo el daño, pero tu gran batalla es contra el demonio que estaba encarnado en ella. Por eso no siento culpa de haberle deseado una y mil veces la muerte.

El pobre curita no estaba preparado para hacer frente a los ataques arteros de esta puta, y andaba medio escondido como si tuviera el alma leprosa. Sabemos que su alma es buena y que esas acusaciones por los chiquitos están armadas. Hay mucho vivo que busca dañar a la Iglesia y se aprovechan de padres ignorantes a quienes se les mete dos ideas en la cabeza y con eso alcanza para que armen revuelo.

Un recuerdo atado a otro y este a otro más. Apareció el de la fatídica mañana.

Lucifer viviendo a dos metros de su departamento había resultado un desafío permanente a su fe, a sus creencias, a su pertenencia. Se había jurado que en la primer oportunidad la pondría en su lugar. Por fin la cruzó en la puerta del edificio , ahí a pocos metros de donde terminaría muerta, y sin reparar en nada enfrentó al diablo para decirle lo que tenia atragantado. Que era una desfachatada, desvergonzada y que no era quien para acusar a nadie y menos a un alma buena como la del Párroco. Solo el que tiene una vida digna puede levantar un dedo para acusar a otro y ella no era quien. La descarada largó una catarata de improperios contra el clérigo y propio de Satán hizo la estocada hasta el fondo del alma del probo. El latigazo se repite una y mil veces sobre su pecho y le anuda el estomago. Tiene la imagen vívida de la desgraciada gritando en medio de una carcajada ” a vos lo que te hace falta es que ese pedófilo te de verga“. Sintió que el piso se movía bajo sus pies y se encontró de repente tirada rodeada de gente y cubierta de vergüenza.

Durante días se dejó caer en un pozo que parecía no tener fin. Sumergida en las sábanas de su cama se deshacía en lagrimas y dolor apretando su rosario como un talismán que la preservara de una maldición.

Pero el Señor da fortaleza y contención. Y en el día de hoy, además, hizo justicia. Hoy la luz ha derrotado al mal, la luz ha desterrado a las tinieblas y la perra está muerta.

La maestra hurga el bolsillo de su bata y sus dedos tropiezan con las cuentas de su rosario.

Las luces de la calle alumbran la avenida mojada, cubierta de hojas amarillas y muertas. Bajo ellas restos de sangre tiñen los adoquines.

La cuadra se mantiene en silencio a pesar de que no todos duermen.

El supermercado de enfrente tiene la cortina baja, pero en una habitación del fondo hay una lámpara encendida.

El chino dibuja números alegres en la columna de los ingresos, y dibuja números tristes en la de los egresos. La lámpara pelada alumbra los papeles sobre el escritorio donde fajos de billetes prolijamente empaquetados con gomitas, esperan pacientes a ser debidamente guardados. En la penumbra se alcanza a entrever el camastro y una pequeña cómoda.

Él se levanta con los billetes acurrucados en sus brazos hasta un costado de la habitación. Deja el dinero sobre el piso mientras saca unas tablas que dejan al descubierto una tapa de hierro con una cerradura. Se saca la llave del cuello, la abre y guarda las divisas.

Calienta una taza de jiu y un cuenco de arroz. Se sienta en el escritorio con sus palillos y hace su cena tardía. Todo está en silencio.

Sobre el escritorio hay dos recortes de diario. Los toma y hace un ejercicio de lectura en español. Uno de los títulos dice “Audaz escrache frente al Arzobispado” debajo del cual aparecen un par de fotos de tres mujeres sin ropas y con el cuerpo pintado. En el otro el titulo dice “La lucha por los derechos de los niños” con la foto de ella. Acomoda los artículos bajo la lámpara y se detiene en las fotos.

Sonríe

¡Qué mujer! ¿Quién compraría una esposa como esa?

Toma la taza de jiu y le dirige un brindis a la foto.

Una clienta blanca como tantas que se pasean por las góndolas antes de pasar por su caja para dejarle hacer aquello que mejor sabe, vender.

Nada particular. Hasta que su empleado la reconoce en televisión. Es una de las mujeres que se desnudan en el centro de la ciudad para protestar contra un religioso. “Escrachan”.

Su primo le ha advertido sobre las mujeres blancas que actúan distinto que las chinas. A veces parecen no respetar a sus hombres y pueden hacer con frecuencia aquello que resulta inconveniente. Pueden protestar si se sienten engañadas, amenazadas e incluso hacerlo simplemente por conveniencia.

La chica superaba cualquier advertencia.

Sonrió nuevamente y la imaginó protestando frente a su caja registradora totalmente desnuda.

Recortó aquella nota esperando la oportunidad de usarla. Por fin ella se plantó con sus productos frente a su caja y él le puso delante la foto con el articulo del escrache. Ella sonrió y le preguntó si pretendía un autógrafo. Ella lo firmó y se llevó un chocolate a cambio. Al irse le dio a entender que si pretendía algo más, con un chocolate no la arreglaría.

¡Qué mujer!

Su corazón había pegado unos brincos en el pecho encendiéndole la cara como si fuera un fósforo. Se preguntaba si ella habría querido decir lo que él creía que dijo. Las blancas son hembras complicadas. Hablan con libertad  como pretexto para encender la mente de un hombre y jugar con ella.

Cuando se había casado en Nanjing tenia solo veintidós años y su esposa desde entonces nunca le había producido esa sensación. El solo pensar en esta mujer le hacía vibrar hasta la última fibra.

Cada día que abría la cortina del negocio lo hacía con la esperanza de que llegara su clienta preferida. Eso ocurrió con más frecuencia y los chocolates dieron paso a otro tipo de atenciones.

Una noche de lluvia dio un paso audaz.

Ella llegó a la caja como siempre, bolsas en mano, no más que de costumbre. Él le preguntó si quería que le llevara el pedido cuando cerrara el negocio. Ella buscó su mirada con sus ojos iluminados y una sonrisa burlona. El se sintió desnudo, indefenso. El solo recuerdo le acelera la sangre. “si no hay recargo, te espero”

Se sintió afortunado de estar tomando el Huang He y apresuró a su ayudante para cerrar en horario. Los números podrían esperar a mas tarde. Tomó una botella de jiu y se aprestó a realizar el delivery.

Los dos minutos que tardó en cruzar la calle y subir al quinto B lo hicieron sentirse más excitado que aquella noche de juerga en Macao.

Ella lo recibió envuelta en una bata azul. Él entro en una habitación con dos pequeños sillones a la luz tenue de una lámpara de pie en un rincón. Una música en inglés que no reconocía salía de un aparato de discos de pasta. En el ambiente se percibía un aroma que el reconocía bien. Era el olor de Dàmá. Aquí no pasa nada, pero en China hasta el hijo de Jackie Chan fue a la cárcel por consumir.El primo le advirtió de no meterse en la venta de hierba , pasta o cocaína. “Ese es el mejor camino para morir

Ella le hizo dejar las cosas en la cocina y él le invitó a calentar el jiu.

El alcohol soltó las lenguas, liberó las risas, el pensamiento de él se obnubiló y el de ella lo dominó. “Esta es tu noche y tendrás que dar lo mejor

El cuerpo de ella devoró su miembro y el sintió que todo su cuerpo se volvía eréctil. El tiempo dejó de existir y dio paso a la eternidad. Sintió que descubría una dimensión de placer desconocido.

Las horas pasaron, hasta que exhaustos los encontró el amanecer.

Durante varios días ella no volvió por el negocio. Al hacerlo, la mujer blanca mostró su esencia y al pasar por la caja dijo “Chinito fue un sexo maravilloso, pero solo eso, no lo estropeemos“. Ella vino muy poco luego, pero ya sin miradas cómplices ni sonrisas.

Hoy no hubo visita de curioso a ver la desnuda muerta. Prefirió mantener el recuerdo de ese cuerpo vivo y voraz que había consumido su virilidad.

Tomó el recorte, miro su foto y brindó nuevamente.

Quizás estuviera loca, pero ¡que mujer!

Afuera se levanta viento que trae el olor de la tierra mojada. Se enfría la noche y la gente ya se guarda en sus casas. El viento mueve las columnas de mercurio y las ramas de las acacias flacas en hojas, haciendo que los movimientos de luces y sombras le devuelvan algo de vida a la calle vacía, sobre cuyo empedrado se guardan aun los vestigios de sangre, de la joven muerta.

En la planta baja del edificio hay una habitación que encierra otro mundo. Afiches en las paredes, ropas tiradas en el suelo, una cama vacía y el pibe sentado frente a un teclado con auriculares puestos. Sus manos recorren de manera insegura las teclas de ambas claves y canturrea en voz baja “llegó el momento, libérame, déjame volar…”

¿Qué puto sentido tiene la muerte? ¿Qué carajo importa vivir?

No se para que estamos ¿Quien decide quien esta, quien se va?

¿Para qué mierda romperse el culo por algo si en un segundo aquello que te importa ya no está?

“llegó el momento, libérame, déjame volar…”

Del piso levanta la tapa de un disco de pasta. La imagen de cuatro pelilargos setentosos con la leyenda “Stairway to heaven“. Lo mira y con los ojos humedecidos lo tira sobre la cama.

Abre la ventana y enciende un porro. Se queda como mirando la nada mientras deja que una lagrima recorra su mejilla hasta llegar a sus labios. Repasa el labio superior con la lengua y las papilas se inundan del gusto a sal. Inspira profundo y solloza. Da una pitada y siente que el nudo del estómago se afloja. Larga el humo por la ventana.

Busca las imágenes de la primera vez que ella le preguntó si le podía comprar unos fasos.

“Se puede conseguir de a 25 de chala y vos los tenés que armar, pero si lo que querés es merluza, ni en pedo, porque si me guardan y no me amasijan adentro, mi viejo lo hará a la salida”.

Mastica bronca y dolor.

¡La concha de la lora!

Termina el faso y saca un frasco de desodorante de la mesa de luz. Perfuma el aire y con una camisa apantalla los resabios delatores para que salgan por la ventana.

Se tira en la cama y mira la tapa del disco. Aunque quiere no lo puede escuchar por que no tiene el aparato de mierda que se necesita. Agarra el celular y tipea “Stairway to heaven” se pone los auriculares y cierra los ojos.

La ve a ella riéndose. Lo hace sentar como a un alumno obediente y le hace escuchar música de esos discos de pasta y le cuenta historias. El aprende, googlea y luego recita. Quiere ser buen alumno. Quiere el aprecio de ella.

Ella  le da libros. Después hablan de la Maga, del amor eterno de Florentino Ariza, de las amigas de Pantaleon, y ríen y fuman. Él lleva su teclado y arman melodías y juegan con palabras.

Por las noches espera con ansias estar solo en su pieza para soñar despierto con ella.

Y llega el día que siempre esperó. Él va con la hierba y fuman, pero ella no quiere leer, ni jugar con palabras ni tampoco reír. Ella pone ese disco que tanto le gusta y lo abraza. Él se deja abrazar. Siente el perfume a jabón de su piel. Su pelo húmedo despide olor a campo. Ella besa su frente, sus parpados, sus mejillas y se detiene en sus labios. Los recorre suavemente a lo largo y él deja que lo haga a gusto. No quiere hacer nada mal. La mujer le desabrocha su camisa y suelta su bata. Luego lo toma de la mano y lo lleva a la habitación. La luz de día que entra por la ventana se refleja en su piel desnuda y es más hermosa de lo que jamás imaginó.

Ella lo sienta en la cama y deja su virilidad desnuda. Se sienta sobre él dejando sus pechos al alcance de sus manos y clavando sus ojos en los de él, le acaricia el alma.

Ella susurra “has tratado a una mujer como solo un verdadero hombre puede hacer

Ella le dijo hombre, no pibe ni pendejo…hombre.

¿Por qué carajo?

Luego el llanto desconsolado y el grito de dolor que tapa con la almohada.

Mientras se magulla el corazón joven en la soledad de una habitación, la calle es azotada por un temporal de otoño, que no puede aun borrar la tragedia escrita con sangre en el empedrado.

La noche está cerrada y el cuerpo de una mujer desnuda con la cabeza destrozada yace inerte sobre la chapa de acero de la morgue policial. Afuera en un cuartucho, el único vinculo señalado por la mujer, hace los trámites de rigor.

Los indicios de  suicidio son claros para el equipo forense.

La mujer subió de su habitación a la terraza del edificio con una bata azul como única vestimenta en condiciones sujetas al consumo de marihuana. Al llegar se sacó la bata en cuyo bolsillo había una carta dirigida al individuo mencionado, que se hace presente en dependencias policiales para lo que sea menester, en carácter de deudo de la difunta. Acto seguido la occisa se aproximó al borde de la terraza y subiéndose a la pared perimetral de un metro veinte centímetros de altura se aprestó al salto. Seguramente, prestando atención a la ausencia de transeúntes, abrió los brazos cual si fueran alas y se dejo caer impactando con el empedrado y muriendo en el acto por el politraumatismo inferido, en especial en su cráneo.

La carta termina confirmando que la decisión de la mujer fue debidamente premeditada y no fue influenciada por terceros.

Querido amigo, hermano, padre, porque has sido todo eso y mucho más para mí.

En estas líneas no pretendo buscar tu aprobación (no la he buscado a sabiendas que no la iba a encontrar) ni tu compasión (nuestra relación vuela más alto) sino simplemente dejar en tus manos mi sentir. Si no te hablé antes fue porque no quise convertirte en cómplice ni en victima de mi decisión. No hacía falta.

Conociendo la naturaleza humana, sé que sobre mi muerte surgirán más de una historia, basadas en percepciones subjetivas de gente que me ha visto sin conocerme,  y no tanto en la verdad que llevo dentro. En este momento recuerdo Rashomon que tantas veces vimos juntos. No me interesan las voces apócrifas sobre mi muerte o con verdades a medias. Solo me interesa la única realidad que quiero compartir con vos, que sos la persona que más he querido y a quien voy a extrañar al irme de este mundo.

Hace pocos meses empecé con dolores de cabeza y problemas para ver. En cinco días me hicieron el diagnostico de un tumor en la cabeza.

Mi vida quedó patas para arriba. La puta que duele el saber que la muerte no es una posibilidad, sino una certeza.

Ese día fue el primero de mi sobrevida, un estado que supongo se explora, en el mejor de los casos, una vez.

Me propusieron cirugía, a fin de prolongarme la vida, pero dejándome en claro que quedaría como secuela alguna incapacidad importante. En ese momento de gran angustia que viví, supe que no estaba dispuesta a resignar lo único que me ha permitido disfrutar la vida, por lo menos a mi manera, que es la posibilidad de pensar, de discernir, de disentir, de crear, de enseñar, de apasionarme. Por eso mi decisión fue la de avanzar hasta el punto que mi despedida de esta vida estuviera consumada.

Ese día es hoy.

Estoy triste pero serena.Siento que las cosas se dan, como deben ser.

Vos sabes que siempre me he catalogado como una atea de mierda y la verdad es que me ha encantado serlo. Ha sido vivir sin la gran atadura.

Bueno aquí va mi primera verdad. Lo que decía, no termina siendo tan así.

En realidad no sé si creo en el cielo o en la reencarnación, pero necesito que exista algo mas allá de la muerte. Siempre tuve la impresión de que no llegaría a vieja y no me preocupaba. Pero cuando me di cuenta que esto sería así, que posiblemente no tuviera un mañana, algo empezó a cambiar. Tal ha sido mi giro en estos días, que se incendiaron mis ovarios cuando me enteré que el cura de la iglesia del barrio donde vivo era un pedófilo. Me crucé un par de minas que estaban decididas a escrachar a ese hijo de puta y no dude en hacerlo. ¿Sabes por qué? En parte porque no hay derecho a que tipos como ese traicionen la fe de la gente, en especial de los chicos. Pero fundamentalmente porque en ese momento yo también me sentí traicionada. También necesitaba creer. A partir de que me puse en bolas frente al obispo aproveche el revuelo para hacer mi aporte a la causa, un granito de arena si querés, aunque eso me valió putearme con más de uno. Hay mas idiotas e hipócritas de los que uno imagina. Por lo pronto ese cura no creo que joda mas a nadie.

Una segunda verdad, tiene que ver con que siempre aseguré que era una renegada del amor. He cagado y me han cagado. ¿Existe el amor? Pues ahí también me engañe un poco.

Consciente que me estaba despidiendo, decidí tirarme algunos tipos que me parecieron, por lo menos por un rato, interesantes. Vos me conoces y sabes que al sexo siempre le he dado mi atención y que no ha sido solo un mero pasatiempo. En esa búsqueda de placeres intensos me cargué más de uno impensado, que si bien pudieron satisfacer mi inquietud, no me encontraron en el mejor de los momentos. La realidad es que no me sentía en mi plenitud fisca, mental y espiritual, en la medida que los dolores de cabeza eran cada vez más frecuentes. Consultando al neurólogo, un tipo de diez, para mi sorpresa me sugirió sumar a los analgésicos comunes un poco de marihuana. Ha sido un bálsamo hasta el día de hoy el haber retomado este hábito de juventud. El tema es que necesitaba un proveedor y no estaba dispuesta a malgastar el poco tiempo que tenia con gente de mierda. Por eso me armé para la transa de un pibe del edificio. Al principio me sentí mal porque sabía que lo estaba usando. La culpa es algo jodido de manejar para una de Virgo como yo.

La cuestión es que empecé a dedicarle tiempo en devolverle algo del servicio que él me daba. Fue muy placentero hacer juntos un recorrido por todo lo que vos y yo hemos disfrutado tanto. De pronto me di cuenta que quería verlo todos los días. Sin premeditación me encontré pensando en él como quien se ratonea con su amante. Han sido esos los momentos más apacibles de mis últimos días. Creo haberle expresado ese sentimiento que me ha inspirado y espero sinceramente no hacerle un daño irreparable con mi decisión. Si para mi existiese un día más, eligiría compartirlo con él.

Mi querido amigo, me doy cuenta que creo en el amor. No como algo eterno pero si como una palanca indispensable para mover la rueda la vida.

Te pido que lo ubiques y le entregues una caja que te mande por encomienda con una carta y algunos recursos que lo ayudarán a crecer. Tiene mucho talento y siento que no he terminado con mi trabajo. Espero dejarle algo mas por aprender.

Los libros y discos son mi legado. El que más me toca el corazón, se lo he regalado a él. En cuanto al resto, espero que los disfrutes como yo lo he hecho y que eso te haga sentir que aún estoy a tu lado. Yo también me llevo tu cariño que hará más corta la espera, para cuando nos volvamos a encontrar.

En esta hoja manchada con vino no quiero dejar una despedida, simplemente un te quiero.

 

Efecto Rashomon” o lo que es lo mismo, el hecho de cómo la subjetividad deja una huella notable en lo que es la percepción y la memoria del observador, principalmente detectable cuando distintos sujetos han de dar descripciones de un mismo suceso, resultando intangibles e inabarcables en sus conclusiones

Gonçal Mayos

En reconocimiento a Akira Kurosawa  

lopezsanti

Medico cardiólogo Apasionado de la fotografía, la musica y las letras

4 comments

  • Se puede auscultar el corazón con un estetoscopio, y también dar riendas sueltas a la imaginación y observación, a veces deviene en creatividad (no es sencillo); aquí no hay dudas, el autor lo logra con creces. Ahora, y tamizando por supuesto ¿puede el Ojo clínico auscultar el alma, los afectos, las subjetividades, la fe? Si tienes alguna duda, lee este cuento.

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    • Cuando el papel esta en blanco uno no sabe todavía las cuestiones que saldrán a relucir en el relato.Cuando este esta terminado el ciclo se completa cuando puede ser compartido. Gracias por permitirle entonces llegar a su destino. Abrazo

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  • Una trama impensada e intricada para el lector, habla de por si de la creatividad del autor. La cruda realidad de la sociedad posmoderna, una vez más reflejada en este cuento.
    Los referentes sociales, por así decirlo: un cadáver de sexo femenino, una maestra, un chino a cargo de un supermercado, el mundo mundano, y algo así como un pichón de dealer enamorado.
    La feligresía católica en falta, aquella alejada hace tempo ya de la obra inicial del flaco barbado, olvidada del prójimo ya como si nada, aquella hipócrita que aún se aferra al mentado por siglo de los siglos “sin pecado concebido”, haga una vez más de “una putita desvergonzada” su mejor justificativo para emanar todo odio y rechazo a lo que es diverso, diferente, distinto, trasgresor, y como si fuera poco, esta “mujerzuela” haya tenido la osadía demoníaca de desnudar y escrachar a un pobre ministro sirviente de Dios, ¡nuestro señor!, a quién las acomodadas familias, aburguesadas unas, o quizás humilde las otras, pero de pensamiento lineal (sociedades heterónomas al decir de Cornelius Castoriadis), han ofrendado ( nada más y nada menos) a sus hijos para que sean mimados y evangelizados bajo los sagrados preceptos de un bondadoso párroco ( Sic).
    Cándida maestra, con el hecho acaecido, no solo Dios está dando cumplimiento a tanta súplica por ella proferida, sino que va mucho más, es ella quién recibe el legado de lucifer, el que de aquí en más, día a día y minuto a minuto se encargará de convulsionarle plenamente su existencia, pletórica de inacabados remordimientos. Lucifer no distingue entre corderos buenos y malos, tampoco entre bueno y malos pastores.
    Con el Chino, (podría serlo con cualquier otro occidental y cristiano), con solo comprobar su euforia con el haber y su desazón con el egreso, por añadidura su registro ( memoria le queda grande) de la otrora amante hoy “suicida” es nada más y nada menos que lo esperado, lujuria plena y sexo animal cosificado cual muñeca inflable, a las cual una vez descompuesta, es rápidamente restituible.
    Y en el fondo subyace la condición humana, el amor real, el que se parece más al flechazo de Cupido en tiempos posmodernos, que a cualquier programación genética o convención establecida, y que cuando llega no pregunta por filiación, antecedentes, o archivo alguno que condene a alguna de las partes.
    Un cuento que exige adoptar posturas, posiciones, simpatías o rechazos, pero que una vez iniciado en su lectura atrapa e invita a desandar un laberinto incierto e inacabado.

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    • El tránsito de cada uno de nosotros por este mundo deja una impronta distinta en quienes nos rodean de acuerdo con lo que cada uno de ellos lleva dentro. También cada circunstancia admite distintas verdades según el observador, que por conveniencia o por el prisma que utiliza para verlas, puede tener una mirada contrapuesta a la de otros,
      La muerte de una persona en este caso logra remover encontrados sentimientos.
      La circunstancia es una. Los sentimientos y miradas son tantas como involucrados hay.

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